Recientemente, se han hecho públicas las bases de la convocatoria de subvenciones de la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de Guadalajara para asociaciones juveniles, de 2026. Una convocatoria que, sobre el papel, persigue un objetivo necesario: apoyar económicamente el desarrollo de acciones dirigidas a la infancia, la adolescencia y la juventud.
Pero, más allá de las bases de una convocatoria concreta, hay una pregunta que deberíamos hacernos: ¿Qué tejido asociativo juvenil queremos tener en Guadalajara y qué estamos haciendo realmente para fortalecerlo?
Porque la realidad es preocupante: tenemos un tejido asociativo juvenil reducido y unos mecanismos de participación que todavía están lejos de aprovechar todo el potencial de las personas jóvenes de nuestra ciudad.
Y esto no se soluciona únicamente convocando subvenciones; se necesita una estrategia y; a participar, también se aprende.
La participación ciudadana no aparece de manera espontánea cuando una persona cumple 18 años. Se aprende; se practica; se fomenta desde edades tempranas.
Guadalajara tiene, además, una oportunidad extraordinaria para hacerlo, y que es la base. Nuestra ciudad cuenta con el reconocimiento de Ciudad Amiga de la Infancia de UNICEF, una iniciativa que sitúa entre sus objetivos fundamentales la participación significativa e inclusiva de la infancia y la adolescencia.
Para ello, existe el Consejo de Infancia y Adolescencia de Guadalajara, un órgano que debería ser una auténtica escuela de participación democrática y un espacio donde niñas, niños y adolescentes puedan expresar sus opiniones, plantear propuestas y aprender que sus decisiones y aportaciones tienen consecuencias reales en su ciudad. De esta forma, fomentaremos que cuando lleguen a la juventud, quieran seguir siendo parte de las decisiones que se tomen en su ciudad.
Sin embargo, para que un órgano de participación funcione, no basta con que exista sobre el papel.
Necesitamos que haya más representación de niños, niñas y adolescentes. Necesitamos un verdadero plan de información y visibilización en los centros educativos y en los distintos espacios de la ciudad donde se encuentra la población infantil y adolescente.
Y, también, necesitamos cumplir los propios reglamentos municipales, que no está cumpliendo este gobierno municipal de PP con la ultraderecha de Vox.
El Reglamento del Consejo de Infancia y Adolescencia establece, en su artículo 12, que el Pleno del Consejo se reunirá, en sesión ordinaria, cada tres meses. Sin embargo, después de la sesión ordinaria celebrada el 27 de noviembre de 2024, no volvió a reunirse hasta el 19 de noviembre de 2025.
Teresa López, concejala socialista en el AyuntamientoLa participación infantil y adolescente no puede depender de que, de vez en cuando, encontremos un hueco en la agenda municipal.
Si queremos que nuestras niñas, niños y adolescentes aprendan a participar, debemos demostrarles que participar sirve para algo.
Y hay una cuestión fundamental: ¿qué ocurre cuando una persona adolescente que ha participado en el Consejo de Infancia y Adolescencia quiere seguir participando en su ciudad? porque no podemos interrumpir el camino de la adolescencia a la juventud.
La respuesta debería ser sencilla: debe existir un itinerario de participación.
Una persona joven no debería pasar de tener un espacio de participación durante su adolescencia a encontrarse, de repente, sin canales adecuados para continuar implicándose en su municipio.
El paso hacia el Consejo Sectorial de Juventud y hacia las diferentes mesas de participación debería formar parte de ese recorrido.
De hecho, algunas de estas mesas surgieron de las propuestas de las propias personas jóvenes que comenzaron a participar en el Consejo de Juventud en 2022. En la convocatoria de 13 de diciembre de aquel año, ya se recogían diferentes mesas de trabajo que, posteriormente, se han adaptado a las propuestas del colectivo juvenil que actualmente participa en el Consejo.
Se han puesto en marcha iniciativas. Se han realizado algunas propuestas.
Pero aquí, aparece nuevamente el problema, el gobierno de Ana Guarinos no hace partícipe a las personas jóvenes que proponen una iniciativa; el ayuntamiento la desarrolla; decide cómo ejecutarla y; finalmente, presenta el resultado, pero dejando al colectivo juvenil fuera del proceso, y eso no es participación activa. Eso es consulta. Y existe una diferencia enorme entre ambas cosas.
La juventud no quiere que decidan por ella, y no existe participación activa sin capacidad de decisión.
Participar significa compartir responsabilidades. Significa reconocer a las personas jóvenes como ciudadanía de pleno derecho.
También significa entender que una administración no pierde poder cuando comparte decisiones con su ciudadanía. Al contrario; gana legitimidad, conocimiento y eficacia y eso es algo que no entiende el gobierno de Ana Guarinos, que ha rechazado propuestas del Grupo Municipal Socialista para realizar un diagnóstico de la realidad de la población joven de Guadalajara; o como la de elaborar un Plan Local Estratégico de Juventud.
Si queremos una ciudad más inclusiva, más democrática y con mayores oportunidades, debemos empezar por confiar en quienes van a construir su futuro.
Guadalajara no puede permitirse una juventud espectadora.
Necesitamos una juventud que participe; con capacidad para proponer, decidir, desarrollar y evaluar.
La juventud ya es presente. Y tiene derecho a decidir sobre él.