50 años después, la memoria del pueblo de Alcorlo sigue viva

Varios vecinos recuerdan cómo fue marcharse de su casa para que construyeran el pantano

Imagen de Alcorlo al fondo con las aguas lamiendo ya las primeras viviendas/ Luis Barra (Archivo Flores y Abejas)

Las aguas del pantano de Alcorlo (Guadalajara) esconden un pueblo del que hace ahora medio siglo se produjo el gran éxodo de sus vecinos ante la inminente llegada de las aguas que lo cubrieron para convertirse en una infraestructura hídrica necesaria en Guadalajara.

Aunque no fue hasta 1982 cuando salieron los últimos vecinos, fue en 1976 la gran mayoría de familias se marchó del municipio en busca de una nueva vida, coincidiendo con el cierre del colegio.

“Los vecinos decían que de la construcción del pantano se oía hablar desde 1905”, recuerda a EFE Agustín Esteban, vecino de Alcorlo, que dirige la asociación de hijos y amigos de Alcorlo y que abandonó el municipio con 14 años. Agrega que aunque el proyecto venía de lejos no fue hasta 1968 cuando, ante la necesidad de agua, hubo urgencia en su construcción y en menos de quince años estaba operativo.

El agua llegando a una de las casas derribadas. La presa al fondo Luis Barra (Archivo Flores y Abejas)

Esteban explica que inicialmente la presa no iba a hacerse allí sino más arriba, en el río Bornova, pero había menos caudal y "el río bajaba encajonado", mientras que en Alcorlo se expandía con unas vegas y un regadío "inmenso". De hecho, mientras se construía la presa, ya con parte del municipio inundado, se seguía cultivando en la vega.

“Estando los últimos años en el colegio sonaba una sirena, al momento sonaba un petardazo y veías las rocas volar, y es porque estaban haciendo la caja del pantano”, recuerda este vecino que revive la sensación de desarraigo y expulsión de su pueblo "y de nuestra forma de vida”.

Su padre, agricultor, se quedó sin casa y sin medio de vida, pasando muchas dificultades tras emigrar a la capital guadalajareña donde estuvo meses sin trabajar en una de las épocas más duras social y económicamente del país.

Un vecino con sus pertenecias (entre ellas un cabrito) deja Alcorlo/ Luis Barra (Archivo Flores y Abejas)

A eso se suma, agrega, que con la expropiación recibida apenas tuvieron para comprar una casa digna en la que vivir.

Muchos vecinos siguieron volviendo a su pueblo

Inocencia Sanz fue otra de las vecinas, algo mayor que Agustín, cuya familia también salió en 1976 de Alcorlo.

alcorlo1Los vecinos contemplan una de las casas derribadas. /Luis Barra. Archivo Flores y Abejas

Sus padres, agricultores y ganaderos, se marcharon a vivir a Cogolludo donde compraron casa, pero mientras hubo casas volvieron a Alcorlo: “Mi madre siempre volvía del pueblo llorando”, recuerda.

“Para mucha gente aquello fue una transformación importantísima para su vida, gente que tenía 60 o 70 años, que llevaban toda la vida allí”, declara Esteban, quien comenta el caso de una persona que se fue a vivir al pueblo de La Toba y que durante muchos años fue caminando a su pueblo para darse una vuelta, y otra que cogió un esqueje de la parra que tenía a la puerta de su casa y durante 20 años, hasta que falleció, tuvo esa parra en la terraza, en una jardinera.

Aunque la mayoría de los vecinos se marchó hace 50 años, en 1976, los últimos se fueron en enero de 1982.

A primera hora del 28 de enero de 1982 llegó un grupo de guardias civiles y autoridades con máquinas de construcción y reunieron al medio centenar de vecinos del pueblo que todavía vivían en él para decirles que era el último día que podían estar en Alcorlo y que habían llevado un camión por si lo necesitaban para la mudanzas. "Empezaron derribando la casa del alcalde para dar ejemplo”, afirma Esteban.

Víctor Alonso es uno de los vecinos que vivió aquella jornada. Él ya residía en Guadalajara, pero alertados por otros vecinos fueron a Alcorlo y recuerda a EFE que "es el peor día posiblemente de mi vida" tratando de sacar de las viviendas las camas y los enseres que veía más importantes, aunque a muchos no les dio tiempo a recoger sus efectos personales.Últimos días de Alcorlo. Foto LUIS BARRA (Flores y Abejas).

Agustín Esteban asegura que tiraron las casas porque “de no hacerlo la gente no sale de allí" y añade: “lo vivimos con resignación porque no nos quedó otra".

Pese a todo, estos últimos vecinos de Alcorlo reconocen que el sacrificio mereció la pena ya que esta infraestructura hídrica es hoy vital para el abastecimiento de agua en la zona.

Pocos años después de la salida del último vecino se construyó una ermita a la que cada año, en agosto, todavía peregrinan los hijos y amigos de Alcorlo. EFE

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