Dos meses para el Eclipse y en Guadalajara no estamos preparados
Expedición de astrofísicos de la Universidad Complutense con Jaime Zamorano. Quedan solo 2 meses, para asistir al Eclipse Solar Total del 12 de agosto de 2026, y para animar a los rezagados que aún no hayan decido desde dónde lo observarán, los testimonios de estos tres astrónomos privilegiados que han visto este extraordinario fenómeno de la naturaleza por los rincones del planeta, les animarán.
Los tres han expuesto sus vivencias en la décimo primera charla de la campaña de Comunicación Social de la Ciencia “De 12 en 12 — Rumbo al Eclipse Total” impulsado por la Asociación de la Prensa de Guadalajara (APG) y la Agrupación Astronómica de Guadalajara (AstroGuada).
Antonio García-Blanco, astrónomo amateur, fundador de Astroguada y su presidente durante 6 años, y artífice también de la puesta en marcha de este proyecto de Comunicación de Ciencia, fue el pionero en ir a buscar eclipses muy lejos de Guadalajara. Nada menos que a Baja California en Méjico. Allí el 11 de julio de 1991 asistió a uno de los eclipses cuya totalidad ha sido más larga en la historia de los eclipses.
el eclipse americano @J.R.Pacheco“El primer viaje me animé a hacerlo por los testimonios de compañeros de afición de las agrupaciones astronómicas de Sabadell y de la de Casteldefels que habían tenido ocasión de ver alguno. Y empecé mal… -dice con media sonrisa irónica- en mi primer eclipse total de Sol, asistí a 8 minutos de totalidad, y… me enganché”.
Después fue a un segundo en Bolivia (3 de noviembre de 1994), a un tercero (26 de febrero de 1998) y a un cuarto (Alemania, 11 de agosto de 1999) “y ahí tuve que parar porque la vida me llevó por otros caminos; con lo que estoy deseando los tres eclipses que veremos desde España”.
Por los cinco continentes
Entre los tres suman 12 eclipses totales de Sol. Han recorrido el mundo viendo eclipses. Han estado en alguno de los lugares más fascinantes del planeta.
Encabeza esta clasificación de cazadores de eclipses, Jaime Zamorano, astrofísico, profesor honorífico de la Universidad Complutense de Madrid e investigador especialista en contaminación lumínica, que con 7 es el que más eclipses ha visto de este trío de astrónomos, hasta el momento.
Viajar hasta la isla de Pascua, ya es de por sí toda una aventura. Instalar los equipos junto a una hilera de Moais milenarios no es mala ubicación. Y de hecho fue lo que parecía salvar un eclipse perdido por la climatología. “Sufrimos muchísimo por la lluvia y las nubes. Solo despejó en el momento de la totalidad. Fue un viaje de mucha tensión. Para llegar –recuerda Zamorano– a la zona de observación, el autocar se tuvo que quedar lejos. No podía pasar por el barro que había en los accesos”.
Jaime Zamorano, cazador de eclipses.Estos viajes son además un intercambio cultural. En su segunda experiencia, en 1994, García-Blanco vivió el fenómeno rodeado de numerosos indios aymaras, en el altiplano andino boliviano. “Fue algo muy singular. Durante todo el eclipse tocaban los tambores para asustar al puma -la Luna- soltase a Tata inti –el Sol–”. Son conscientes de la mecánica real del eclipse, pero para ellos es algo tradicional “una experiencia religiosa”.
En Guadalajara no estamos preparados
Para Jaime, el eclipse que más le sorprendió fue el de Libia. “En mitad del desierto, lejos de todo, el gobierno de Gaddafi levantó una ciudad en mitad del desierto, con tiendas y carpas, con hileras de aseos, que eran un lujo, y donde contabas con todos los servicios necesarios”.
“Nada que ver con los que se está haciendo en esta provincia” subrayó apesadumbrado y recordando que otras provincias como “Burgos o Soria, o incluso Ávila donde solo se verá en una pequeña zona de la provincia, llevan mucho tiempo preparándose”.
Para el astrónomo “es prioritario determinar y preparar una serie de puntos estratégicos distribuidos por la provincia, donde se pueda observar bien el eclipse, haya sitio para aparcar muchos vehículos, zonas donde adquirir agua, e incluso comida, y donde se concentren puestos de atención médica y de seguridad, es algo fundamental”.
El experto en contaminación lumínica señala también la importancia de aprovechar los viajes: “a diferencia de lo que suele ocurrir, sobre todo con grupos de estadounidenses que fletan un avión, llegan, descargan, ven el eclipse, recogen y se van. A nosotros, nos gusta hacer visitas y conocer el lugar al que vamos. El desembolso que hay que hacer es grande y así lo aprovechamos y además colaboramos, de algún modo, con el desarrollo de esa zona a la que viajamos”.
Por eso, redunda en la necesidad de estar preparados para acoger a muchos visitantes que vendrán a ver el eclipse pero también se quedarán a visitarnos y se llevarán una u otra impresión según nos hayamos preparado: “El eclipse será una prueba para España”.
Los tres cazadores de eclipsesFascinación
La palabra que resume las muchas sensaciones que se agolpan en cuestión de segundos en cualquiera que haya vivido un eclipse total de Sol sería “fascinación” afirma Zamorano. “Lo que te ocurre tienen varios componentes: hay asombro, surge la emoción, pero también reaccionas a lo inesperado, a lo inexplicable -pese a saber que tiene una explicación-“.
Jaime Zamorano añade además que “a todas estas sensaciones, hay que sumar las provocadas por las reacciones de los demás. Y sumas, y sumas, y subes de nivel”, asegura.
“Es como un éxtasis” añade Javier Rodríguez-Pacheco, investigador principal del EPD de la misión espacial Solar Orbiter de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la NASA, y profesor de la Universidad de Alcalá. “Yo solo he vivido un eclipse total, y os puedo asegurar que la sensación es sobrecogedora, no solamente para profesionales de la astrofísica. Es el espectáculo mayor que se puede observar en la naturaleza” asegura el científico solar.
Este salmantino afincado en Guadalajara, tiene pleno en la lotería de los eclipses: “Mi experiencia con un eclipse total ocurrió en abril de 2024, en San Antonio (Texas, Estados Unidos) el día empezó soleado aunque con nueves altas. Cuando el eclipse empezó estaba todo nublado y cuando nos esperábamos lo el cielo se abrió y nos dejó ver el máximo del eclipse”.
Antonio García BlancoVivirlo intensamente
Antonio y Jaime han coincidido en el país de observación de varios eclipses, incluso han estado muy cerca, pero hasta el próximo agosto no compartirán la experiencia de un eclipse total de Sol. “Tenemos muchas ganas, pero además sería imperdonable no hacer el intento de disfrutarlo en toda su intensidad cuando lo vamos a tener en casa, encima de nuestras cabezas. No hay que verlo necesariamente con todos los instrumentos y aparatos que usamos nosotros. Hay que vivirlo intensamente, dejarse llevar por la naturaleza y disfrutarlo”.
Rodríguez PachecoLos eclipses de este trío:
11 de julio de 1991 – Méjico (Antonio G.-Blanco)
3 de noviembre de 1994 – Bolivia (Antonio G.-Blanco)
26 febrero de 1998 – Norte de Venezuela (Jaime Z.) y Colombia (Antonio G.-Blanco)
11 de agosto de 1999 – Alemania / Munich (Jaime Z.) y Dahau (Antonio G.-Blanco)
29 de marzo de 2006 – Sur de Libia (Jaime Z.)
2008 – China Nororiental (Jaime Z.)
2010 – Isla de Pascua (Jaime Z.)
2012 – Norte de Australia (Jaime Z.)
2017 – Norte de Idaho (USA) (Jaime Z.)







