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Isabel Muñoz Caravaca, la maestra atencina de los cuatro eclipses

Describió el observado en 1900 con sus alumnas de la escuela de Atienza

Isabel9 1Retrato de Isabel Muñoz Caravaca. Foto: Real Academia de la Historia.

“La luz se modificaba, palidecía; el azul del cielo; el verde de los campos; el tinte ordinario de todos los objetos parecía sumergido en un extraño fluido de un color sin nombre…” Es la narración de las sensaciones vividas durante un eclipse. Las publicó la maestra y astrónoma atencina Isabel Muñoz Caravaca el 3 de junio de 1900.

Unos días antes, el 28 de mayo, había tenido lugar el último gran eclipse del siglo XIX visible desde Guadalajara. La franja de totalidad atravesó gran parte de la provincia, especialmente en la Sierra Norte y la comarca de Atienza. Allí lo vio Muñoz Caravaca, en el campo, junto a sus alumnas de la villa medieval.

La crónica la recoge el periódico “Flores y Abejas”, en el que colaboró ampliamente la propia maestra en su faceta de periodista. El texto señala también que “una ráfaga de aire lejano nos hizo estremecer; el termómetro descendía, los pajarillos volaban sin dirección, hasta los objetos sin vida parecían aplanarse ante algo desconocido”

Isabel5 1Imagen de Atienza a finales del XIX. Foto: Atienza Ilustrada (MC)

La astronomía ocupa, sin duda, un lugar interesante de entre las muchas aportaciones que ha legado Isabel Muñoz Caravaca a la historia de Guadalajara. Maestra, periodista y científica, esta pionera del feminismo alcarreño fue especialmente afortunada con los eclipses, ya que pudo contemplar cuatro eclipses solares a lo largo de su vida, tres de ellos totales y uno parcial.

Como ella misma recordaba, con doce años de edad ya vivió el gran evento del 18 de julio de 1860, el primero de la historia que fue fotografiado con éxito. “Era un día espléndido y vi maravillada aquella magnífica, inolvidable corona solar”

Ilustrada

Isabel había nacido en Madrid el 3 de agosto de 1848. Hija de una pareja de la burguesía ilustrada, estudió Magisterio y música. En París aprendió también francés. En 1874 se casa con Ambrosio Moya, matemático y profesor de la Universidad Central de Madrid. Era 26 años mayor que ella.

Además de tres hijos, con su esposo compartió gustos y pasión por la ciencia, la cultura y las matemáticas. Ambos se dedicaron al estudio de la Astronomía.

Isabel4 1Uno de los artículos firmados por Muñoz Caravaca. Foto: El Decano. (MC)

En 1895 Isabel enviuda y es ahí, precisamente en ese momento, cuando comienza su relación con la provincia de Guadalajara. Para mantener a su familia opta a una plaza en la Escuela de Niñas de Atienza. Tras obtenerla se instala con sus tres hijos en la localidad. Tenía 47 años.

Parece ser que Isabel Muñoz Caravaca llega a Atienza “rompiendo moldes”. Lo destaca José Luis García de Paz en la página “Personajes destacados de Guadalajara”. Nuestra protagonista afirmaba que no había llegado a la escuela atencina “para enseñar a las niñas a manejar estúpidamente una aguja”. Tal vez por eso llevó a las niñas al campo a ver aquel eclipse del 28 de mayo de 1900. Era el segundo que veía en su vida y cuya crónica se publicaba el 3 de junio en “Flores y Abejas”.

Muñoz Caravaca había instalado un telescopio en su domicilio de Atienza y fue la primera mujer española en ingresar en la Sociedad Astronómica Francesa. Se convirtió en la anfitriona de Camille Flammarion, presidente de dicha institución, cuando este vino a Almazán (Soria) a observar el eclipse de agosto de 1905. Era el tercero que contemplaba.

Isabel3 1Firma de la maestra atencina. Foto:Biblioteca Nacional de España.

El 17 de abril de 1912 se produjo otro eclipse, aunque en Guadalajara únicamente se pudo observar un gran oscurecimiento de la luz, sin llegar a la totalidad. Isabel Muñoz Caravaca, que por aquel entonces ya vivía en la capital, también lo pudo contemplar y dejó, asimismo, constancia escrita del mismo “Cuando vi materialmente el astro eclipsado fue al mediodía. Este pequeñísimo trozo de creación que podíamos contemplar aparecía envuelto en un misterio apocalíptico”.  Así lo refleja la crónica aparecida en Flores y Abejas el 21 de abril de 1912 “nadie temía nada, pero todo el mundo callaba, como si hablaran desde arriba en una discusión en la que nosotros no tenemos ni voz, ni argumentos, ni aún lenguaje..”

Hoy con la perspectiva de la distancia, su testimonio de maestra, científica y mujer avanzada continúa vigente. Su relato de cuatro eclipses hace más de cien años nos sirve para anticipar lo que podremos vivir el 12 de agosto de 2026. “El sol ya no era el astro brillante que nos manda a torrentes luz, calor y vida” decía en 1900, y advertía en su crónica “dejará en todos cuantos lo hemos visto un imborrable recuerdo”

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Isabel Muñoz Caravaca, la maestra atencina de los cuatro eclipses

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Describió el observado en 1900 con sus alumnas de la escuela de Atienza

Isabel9 1Retrato de Isabel Muñoz Caravaca.

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