Más de medio centenar de localidades celebran fiestas en torno a los días 15-16
Fiestas de San Roque, en la Ciudad del Doncel. Foto: Ayto Sigüenza.
El 1 de noviembre de 1950 el papa Pío XII lo proclamó como dogma de fe: a su muerte, la Virgen fue elevada al cielo en cuerpo y alma. Se trata de la Asunción de María, una festividad de larga tradición que se remonta a los primeros siglos de nuestra era. El calendario cristiano recoge el 15 de agosto como día de celebración de esta fiesta.
La fecha está muy arraigada en numerosos pueblos de la provincia de Guadalajara. Y es que, llegado el ecuador de este octavo mes del año, más de medio centenar de localidades celebran sus fiestas patronales en torno a la Virgen de la Asunción y San Roque (días 15 y 16 de agosto). Lo hacen con celebraciones religiosas acompañadas de música, actividades culturales, peñas, comidas populares y, cómo no, festejos taurinos.
Lo recoge la propia Diócesis de Sigüenza-Guadalajara en su página web: “el 15 de agosto es fiesta en numerosas localidades como Brihuega, bajo el título de la Peña, en Cogolludo o Poveda de la Sierra, con la advocación de la Virgen de los Remedios, en Durón, con su Virgen de la Esperanza o en Uceda con la Virgen de la Varga”
Celebración religiosa en Pastrana. Foto: Archivo.
Un buen ejemplo es Pastrana, donde cada 15 de agosto se celebra la fiesta de su patrona, Nuestra Señora de la Asunción. La celebración incluye una tradición taurina muy arraigada y numerosas actividades populares, como concentración de peñas, charangas y verbenas.
En Sigüenza, las fiestas en honor a San Roque, el 16 de agosto, incluyen también conciertos, pasacalles y actos religiosos. Son, sin duda, unos de los momentos de mayor afluencia de visitantes de todo el año.
Reencuentro
Ayudados por las fechas estivales, las fiestas permiten tanto la asistencia de foráneos como la de oriundos que viven fuera y aprovechan estos días para estrechar lazos con sus lugares de origen.
Precisamente ese es otro de los factores que ayudan a explicar la importancia de las fiestas de agosto en los pueblos de Guadalajara. Durante la segunda mitad del siglo XX, la emigración hacia las ciudades provocó una pérdida importante de población en muchas localidades. Se abandonaron lugares, pero el vínculo nunca se perdió y es precisamente agosto, durante las vacaciones, cuando se aprovecha para volver.
Toros en Pastrana. Foto: Archivo.
Esa circunstancia obligó a modificar el calendario de fiestas en algunas localidades y trasladar las fiestas del Cristo, a mediados de septiembre, por festejos en agosto (más cercanos a la Virgen de la Asunción). Aprovechar las bondades meteorológicas fue un factor que, sin duda, influyó también en la decisión.
De nuevo lo recoge la Diócesis de Sigüenza-Guadalajara en su web. “En torno al 15 de agosto se celebran fiestas en honor a María, trasladadas de su emplazamiento primitivo: la Virgen del Rosario de Ocentejo, la Virgen del Pinar de Galve de Sorbe, la Virgen del Lluvio de Clares, la Virgen del Buen Suceso de Codes, la Virgen del Buen Amor de Terzaga, la Virgen de las Cuevas de Torrecuadrada de los Valles, la Virgen de la Torre de Peñalén, la Virgen del Pulgar de La Cabrera o la Virgen de Nazaret en Viana”.
El fenómeno no supone necesariamente la desaparición de la fecha religiosa original. En algunos casos, el día tradicional del Cristo permanece en el calendario aunque la gran celebración popular se haya trasladado al verano.
Virgen de los Remedios, en Cogolludo.
Es el caso de Atienza o la pequeña localidad de Saelices de la Sal, donde las fiestas también se cambiaron al mes de agosto. No obstante, llegado septiembre, los vecinos siguen celebrando, aunque más modestamente, un homenaje a su Cristo.
Por tanto, el calendario festivo de muchos pueblos ha terminado construyéndose sobre dos momentos diferentes: la fecha religiosa tradicional y la fecha elegida para la gran celebración popular. Unas veces coinciden, otras están distanciadas.
Las antiguas celebraciones patronales se han ido adaptando a las circunstancias que ha experimentado el mundo rural. El componente religioso pudo estar en el origen de las fiestas, pero ahora es solo uno más de una celebración que implica encuentro, regreso y, sobre todo, recuperación, aunque solo sea temporal, de la vida de los pueblos.
Encierro por el campo en Brihuega.
Porque durante unas semanas, cuando regresan los hijos, los nietos o bisnietos de quienes tuvieron que marcharse, las orquestas vuelven a tocar, las plazas se llenan y las calles resuenan con voces recuperadas.
Al final, por tradición heredada o por modificación en las últimas décadas, agosto es, sin duda, el mes de las fiestas.






